Los años siguieron pasando, los cuadros se movían, personas se iban, otras llegaban y ese estado de punto muerto en el que había decidido empezó a caerse.
Me acuerdo que dije que tenia que ir a algún lugar para poder canalizar esta bronca que tenia, y bueno, que mejor lugar que el gym. Soy de tener una personalidad un poco obsesiva (realmente me di cuenta a partir de esto) y con ir una sola hora por día no me alcanzaba, por que me hacia tan bien, me perdía en otro mundo, pensaba en los cambios positivos que te trae el hacer ejercicio, pensaba en la gente desconocida que estaba a mi alrededor, que no sabían mi historia y que me podían tratar como a una persona que no explotaba por cualquier cosa. Hasta ahí todo color de rosas, al cabo de unos meses empece a notar que la ropa me quedaba mas grande, las remeras, los jeans, hasta la ropa interior, pero lejos de preocuparme, me ponía contenta, porque era una nueva yo, era mi manera de decirle al mundo ESTOY BIEN.
Un día caí en cama, la verdad es que si alguien me pregunta en este momento que tenia, no me acuerdo puntual, solo se que la fiebre no me dejaba levantarme y el exceso de pastillas que tomaba por día no me dejaban ingerir un gramo de comida, duro al rededor de cuatro días, así sin comer, y note mas que nunca el cambio de mi cuerpo, me tocaba el hueso Iliaco, claro el ala superficial. Nuevamente lejos de preocuparme, me gusto, quien no quiere la panza chata decía, que carente de conocimientos que fui.
A partir de ese momento la cabeza se me trabo, no quería comer mas, quería seguir haciendo ejercicio en exceso y quería llegar, no se a donde quería llegar. La balanza se había convertido en algo indispensable. Pero el cambio mayor no fue el físico sino el mental, el psicológico, el emocional, no quería ver a nadie, me aboque al estudio, quería que todo sea perfecto, pensaba que todos estaban en contra mio y peor que todos me quería hacer un daño. Claro esa misma gente que intento ayudarme ya no sabia como tratar conmigo porque explotaba por todo.
Estaba hundida en lo mas profundo de mi cabeza, sin ganas de salir a flote, estaba en una zona de confort un tanto extraña. Todos los síntomas de anorexia se hicieron presentes, triste no?
Dos años o tres estuve con esta enfermedad que te come no solo tu cuerpo sino tu cabeza, que es en el peor lugar donde poder llegar a parar y en donde no poder salir solo, NUNCA PODES SOLO.
Claro que en un momento se me volvió a mover el engranaje de la cabeza y decidí tomar cartas en el asunto, hoy en día estoy mucho mejor en ese aspecto, aunque las millones de voces que me gritan en la cabeza sigan estando ahí, aprendí a convivir con ellas, a no dejar que me manejen y a hacerles saber que la que manda en mi cuerpo y mente soy yo.
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